Hoy no se qué escribir, no estoy seguro de nada. Simplemente apareciste, no sé si debo pensar tanto en ello o ceder a la casualidad el honor de advertir tu forma y presentarme tu ilusión. Creo que lo más conveniente es dejar de imaginar cosas y empezar a crear realidades. Esta maldita incertidumbre me agobia, saber que no elegir es elegir también, al menos hoy, me causa una ira inmaculada. ¿Por qué carajo hay que desear? La única explicación coherente, si es que la vida puede ser coherente en algún momento, es demasiado romántica para ser digna de ser escrita.
Ha oscurecido y yo sigo aquí, sentado frente a esta maldita pantalla intentando ordenar mis ideas, han pasado ya tres horas y no has salido un solo momento de mi cabeza, simples trozos de eternidad que se mezclan en el tiempo disforme mientras la vida trascurre sin voluntad a expensas de un Dios ingenuo y exigente. Veo mis sueños reflejados y pienso que te conozco.
Indiscutiblemente hoy te pensare.
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